martes, 23 de julio de 2013

"La Patria" de Julio Cortázar



La Patria
                 
Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia.
Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,
pobre sombra de país, lleno de vientos,
de monumentos y espamentos,
de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,
escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,
repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando
de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.

Pobres negros.

Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,
dónde el que come los asados y te tira los huesos.
Malandras, cajetillas, señores y cafishos,
diputados, tilingas de apellido compuesto,
gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,
centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes
primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos,
bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,
contraflor al resto. Y qué carajo,
si la casita era su sueño, si lo mataron en
pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.

Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.

Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,
te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña
envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,
mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate
con su verde consuelo, lotería del pobre,
y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos
para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.


Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,
pobres blancos que viven un carnaval de negros,
qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,
en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,
en los ranchos que paran la mugre de la pampa,
en las casas blanqueadas del silencio del norte,
en las chapas de zinc donde el frío se frota,
en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.

Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.

La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste,
ser argentino es estar lejos.
Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.
Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo,
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.

Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.
 

"LA JAULA" Alejandra Pizarnik (De Las aventuras perdidas, 1958)

LA JAULA

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños más enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.

18 de junio, Acto por el Día del Libro en el Liceo Municipal

Las niñas de 8 a 11 años, habían estado leyendo algunos cuentos de terror. En el acto por el Día del Libro, leyeron sus propias producciones, con una muy buena puesta en escena.


(LUDMILA)



En una ciudad gótica vivía un niño llamado Héctor que cuando dormía sentía que alguien lo tocaba, pero él no le daba importancia.
Un día a Héctor le contaron que vieron a un monstruo pero él decía que era mentira, hasta que se dio cuenta de que lo que le dijeron era verdad.
Ocurrió que una noche se le apareció un monstruo. Se asustó y gritó tanto que el monstruo lo tuvo que callar diciéndole que le daba $5, y entonces se calló. Pero Héctor le preguntó de dónde había salido y le dijo que vino de Saturno. Le preguntó también qué quería, y el monstruo le dijo que quería que los niños no le temieran. Pero ¿por qué quieres eso? Dijo Héctor. Porque no me gusta asustar a los chicos.
Entonces, el monstruo lo consiguió: se dio cuenta de que si se quedaba tranquilo los chicos no se asustaban más de él.
 



(MARTINA)



En un bosque lejano habitado por pájaros, liebres, conejos y muchos más animales, se comentaba que entre ellos vivía una horrible criatura.

Era un monstruo verde que tenía la nariz grande igual que sus pies y sus dientes. Pero era muy bueno con todos. Por eso los animales hicieron una reunión para ver si entre todos podían cambiarle su horrible cara.

Uno de los pájaros más viejos dijo que tenía un amigo que podía ayudar y enseguida fue a buscarlo. Se trataba de un viejito medio chiflado que venía con un bastón. Lo que no sabían era que el bastón era mágico.

Al poco tiempo los animales le contaron para qué lo llamaron y este chiflado dio unos brincos y empezaron a salir chispas del bastón.

Así la horrible criatura se transformó en una linda persona.



(MILAGROS)
El monstruo del subte

Había una vez una familia que viajaba siempre en subte para moverse porque trabajaban en el barrio Güemes y ellos vivían en el barrio Centinela.
Un día muy temprano subieron al subte y sintieron un ruido extraño que sólo lo escuchó la familia, fue un ruido que daba tanto miedo que los hijos (Santiago, Milton, Gastón y Ludmila), temblaban. Juan Carlos y María no le dieron importancia, pero en ese mismo instante María sintió como un soplo en su oreja, temblaba pero se dijo a sí misma: “es la ventana que corre un poco de viento”.
Juan Carlos sintió que sus pies se movían y se asustó tanto que gritó “Ya no más, aquí hay alguien”, pero se preguntó ¿nuestra familia es la única que escucha este ser extraño?
Justo en ese momento en que estaban llegando a una parada se detuvo el subte y los choferes dijeron que se había desajustado algo y que en treinta minutos se arreglaría. Ludmila y Gastón necesitaban ir al baño, los dos muy asustados fueron al baño, pero de repente la voz se sintió de vuelta, “No me tengan miedo”. Y corriendo se fueron con sus padres, y de vuelta se escuchó “No me tengan miedo”.
Y el padre dijo: “Si estás ponte al frente de nosotros”; y el monstruo se apareció. Tenía una pierna de perro y en la otra pierna una bota. Una de sus manos era gigante, y la otra era un palo con espinas punzantes. Sus ojos eran de fuego y tenía una boca muy extraña, y su cabeza era puntiaguda.
—Yo no hago daño — dijo escupiendo fuego. Entonces Ludmila, Santiago, Milton y Gastón se acercaron, pero él desapareció.
María, la madre de los chicos dijo: “Ven, no hacemos daño” y el monstruo volvió a aparecer.
Juan Carlos le dijo: “¿Qué función cumples? ¿Por qué no vas dónde tiene que ir?”
—Yo los protejo y vivo aquí— dijo el monstruo.
— ¿Por qué nosotros?
—Porque ustedes me  escuchan y tienen



(JULIA)

El ladrón de rostros


Cuenta la leyenda que en el siglo XIX había un monstruo que tenía una cabeza sangrienta, un ojo de vidrio con marco de acero y el otro ojo bizco. Además poseía alas de murciélago y cuerpo de serpiente con baba mocosa y muy viscosa. También dos peludos y fuertes brazos de gorila. De su largo cuerpo brotaban cuatro largos y flexibles tentáculos con ventosas.

Él, con sus alborotados cabellos grises, borraba los rostros de las personas que vivían en Villa Tinieblas.

Ahora el monstruo ha vuelto. Hace una semana muchas personas reportaron que sus bebés no tenían caras. Todo el mundo sospechaba del doctor profesor Willie, el maniático de la Villa. Pero una de esas noches yo vi sombras de distintos animales: una serpiente, un murciélago, un calamar y un gorila. Aunque todos algo deformes.

Al día siguiente nadie tenía rasgos faciales.
Yo he escrito esta historia porque aunque tampoco tengo boca, al menos tengo mis manos.
un corazón gigante.
Y desde ese día, cuando viajaban siempre se detenían un momento a hablar con el monstruo, al que llamaron Saúl.